Vivir solo después de los 70: las 5 claves para disfrutar una vida plena e independiente
El médico Mario Alonso Puig propone 5 pilares para disfrutar la madurez con autonomía, vínculos afectivos, un propósito personal y una mejor preparación para el futuro

Vivir solo después de los 70 años no significa necesariamente enfrentar la soledad ni renunciar a una vida plena. Para el médico cirujano y especialista en desarrollo personal Mario Alonso Puig, esta etapa puede convertirse en una oportunidad para disfrutar de una mayor libertad, descubrir nuevos intereses y fortalecer la relación con uno mismo. Sin embargo, alcanzar ese bienestar requiere construir una base sólida que permita afrontar los cambios propios de la edad.
Muchas personas mayores sienten presión para mudarse con sus hijos o instalarse en una residencia, incluso cuando prefieren conservar su independencia. En algunos casos, las decisiones responden al temor de convertirse en una carga para la familia en otros, a la preocupación de sus seres queridos por garantizarles cuidados y compañía.
Puig plantea una distinción fundamental: vivir solo no equivale a sentirse solo. Una persona puede disfrutar de su propia compañía y mantener una vida social activa, mientras que otra puede experimentar aislamiento incluso cuando vive rodeada de gente.
Para transitar esta etapa con bienestar, el especialista propone trabajar sobre 5 pilares: construir una red afectiva, aprender a disfrutar de la propia compañía, conservar la autonomía física y mental, encontrar un propósito y prepararse para afrontar las dificultades futuras.
1. Construir una red de vínculos antes de necesitarla
El primer pilar consiste en cultivar relaciones significativas antes de que aparezcan situaciones que puedan generar aislamiento. Las amistades requieren tiempo, dedicación y reciprocidad, por lo que mantenerlas no debería depender exclusivamente de las circunstancias.
La jubilación, la viudez o la partida de los hijos pueden modificar profundamente la rutina. Quienes concentraron gran parte de su vida en el trabajo y la familia pueden descubrir que disponen de más tiempo libre, pero cuentan con pocas personas con quienes compartirlo.
Para evitar esa situación, Puig recomienda ampliar los círculos de conexión. La familia constituye una fuente importante de apoyo, pero también resulta valioso conservar amistades, recuperar contactos antiguos y conocer personas que atraviesen etapas similares.
Participar en cursos, practicar actividades recreativas, incorporarse a grupos de senderismo o baile y realizar voluntariado son algunas alternativas para establecer nuevos vínculos.
El especialista también destaca la importancia de las amistades entre generaciones. Relacionarse con personas de distintas edades permite conocer otras perspectivas, compartir experiencias y mantener el contacto con una sociedad en constante transformación.
La clave consiste en construir relaciones en las que exista interés mutuo, disponibilidad y confianza. Una red afectiva sólida puede brindar compañía y apoyo cuando surgen dificultades.

2. Aprender a disfrutar de la propia compañía
El segundo pilar propone desarrollar una relación saludable con uno mismo, sin caer en el aislamiento ni depender permanentemente de otras personas para sentirse bien.
Puig advierte sobre dos extremos: quienes no toleran estar solos ni por un momento y quienes se alejan de los demás porque les resulta difícil convivir. En ambos casos, la relación con la soledad puede convertirse en una limitación.
Para disfrutar de la propia compañía, recomienda incorporar rituales cotidianos que aporten satisfacción y estructura a los días. Desayunar tranquilamente, cocinar, cuidar las plantas, escuchar música, leer antes de dormir o escribir un diario son actividades sencillas que pueden enriquecer la rutina.
También propone desarrollar un diálogo interior más amable. En lugar de reprocharse constantemente los errores o las decisiones del pasado, aconseja tratarse con la misma comprensión que se ofrecería a un amigo.
Otro aspecto fundamental es el autodescubrimiento. Aprender a tocar un instrumento, pintar, estudiar una disciplina nueva o explorar intereses postergados permite desarrollar facetas personales que quedaron relegadas durante los años dedicados al trabajo y la crianza.
Disfrutar de la soledad no significa renunciar a los vínculos. Por el contrario, aprender a estar bien con uno mismo puede favorecer relaciones más libres, genuinas y satisfactorias.
3. Preservar la autonomía física y mental
El tercer pilar apunta a mantener la independencia mediante el cuidado del cuerpo y la estimulación de las capacidades cognitivas. Para Puig, resulta importante evitar tanto la resignación anticipada como la negación de los cambios físicos que llegan con la edad.
Una medida concreta consiste en adaptar la vivienda para reducir los riesgos. Mejorar la iluminación, instalar barandas en las escaleras, retirar alfombras que puedan provocar caídas y mantener los objetos de uso frecuente al alcance de la mano son acciones que ayudan a crear un entorno más seguro.
También recomienda mantener el cuerpo activo mediante actividades acordes con las posibilidades de cada persona. La regularidad resulta fundamental para conservar la movilidad y favorecer la independencia en las tareas cotidianas.
La salud cognitiva merece una atención similar. Aprender habilidades nuevas, familiarizarse con herramientas digitales y mantener la curiosidad permite incorporar conocimientos y resolver situaciones cotidianas con mayor autonomía.
Dominar funciones básicas de la tecnología, por ejemplo, facilita realizar videollamadas, comprar productos por internet y completar trámites sin salir de casa. Estas herramientas pueden ayudar a mantener el contacto con familiares y amigos, además de simplificar distintas actividades.

4. Encontrar un propósito más allá del trabajo y la familia
La jubilación y la independencia de los hijos pueden provocar una crisis de identidad cuando el trabajo y las responsabilidades familiares dejan de organizar la vida cotidiana.
Por eso, el cuarto pilar consiste en encontrar una actividad o una causa que aporte sentido a esta nueva etapa. No hace falta emprender grandes proyectos: lo importante es identificar intereses que despierten entusiasmo y permitan realizar contribuciones acordes con las posibilidades personales.
El arte, la naturaleza, la historia, la preservación de las tradiciones y la participación social ofrecen distintas oportunidades para desarrollar un propósito.
Puig propone buscar un equilibrio entre aquello que importa, las capacidades disponibles y lo que resulta posible realizar en las circunstancias actuales.
La madurez también puede convertirse en una oportunidad para reinventarse, explorar intereses y asumir desafíos. Para ello, conviene mantener la disposición a aprender y aceptar que los errores forman parte del proceso.
La clave está en evitar que la rutina se reduzca a pasar los días frente al televisor sin actividades que generen satisfacción o permitan mantener una conexión con el mundo.
5. Prepararse para las dificultades sin vivir con miedo
El último pilar propone anticiparse a los cambios que pueden afectar la independencia, sin caer en la negación ni en la preocupación permanente.
Puig recomienda organizar con tiempo los asuntos legales y financieros, dejar instrucciones claras y evaluar las alternativas disponibles para recibir asistencia si las circunstancias cambian. Estas decisiones pueden incluir la planificación sucesoria, la designación de una persona de confianza para los asuntos correspondientes y la expresión anticipada de preferencias sobre tratamientos médicos, de acuerdo con las normas aplicables.
También resulta conveniente pensar en distintos escenarios: continuar viviendo en casa con ayuda, contratar cuidados domiciliarios, compartir una vivienda o considerar una residencia si las necesidades futuras lo requieren.
Contar con profesionales de la salud de confianza y conversar sobre estas posibilidades con personas cercanas permite tomar decisiones informadas. La planificación no elimina la incertidumbre, pero ayuda a preservar la capacidad de elegir.

Una etapa para vivir con libertad y bienestar
La propuesta de Mario Alonso Puig parte de una idea central: vivir solo después de los 70 puede ser una experiencia enriquecedora cuando existe una combinación de vínculos afectivos, bienestar personal, autonomía, propósito y preparación para el futuro.
Estos pilares no exigen cambios radicales de un día para otro. Construir amistades, incorporar una actividad placentera, mantener el cuerpo en movimiento o comenzar a organizar asuntos pendientes son pasos concretos que pueden realizarse de manera gradual.
La independencia no implica rechazar la ayuda ni renunciar a la compañía. Significa conservar, en la medida de lo posible, la capacidad de decidir cómo vivir, qué actividades realizar y con quién compartir el tiempo.
La edad no tiene por qué cerrar las puertas al aprendizaje, los proyectos ni los vínculos nuevos. Con planificación, apoyo y constancia, la madurez puede convertirse en una etapa de mayor libertad, descubrimiento personal y disfrute de la vida cotidiana.
Con imformación de C5N
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9 Octubre 2026