Perros y salud: qué beneficios pueden aportar al cuerpo y la mente según la ciencia

El vínculo cotidiano con los perros puede favorecer el bienestar emocional, la actividad física y los vínculos sociales, aunque la ciencia marca límites

Perros y salud: qué beneficios pueden aportar al cuerpo y la mente según la ciencia

La convivencia con un perro puede generar mucho más que compañía y afecto. El vínculo cotidiano con estos animales también puede influir en distintos aspectos del bienestar físico, emocional y social de las personas. Investigaciones científicas y especialistas en salud mental analizaron los mecanismos que podrían explicar esos efectos, aunque remarcan que la evidencia todavía presenta diferencias entre los estudios.

Una de las explicaciones se relaciona con la interacción afectiva que se produce entre las personas y sus mascotas. La psicóloga Chivonna Childs, de Cleveland Clinic, señaló que los perros suelen recibir a sus dueños con entusiasmo cuando regresan al hogar. Ese contacto puede favorecer procesos asociados con la liberación de dopamina y serotonina, sustancias vinculadas con sensaciones de bienestar y regulación del estado de ánimo.

El vínculo también puede aportar estructura a la vida cotidiana. Cuidar a un animal implica establecer horarios, atender sus necesidades y dedicar tiempo a actividades compartidas. Para algunas personas, esa responsabilidad puede generar un mayor sentido de propósito y contribuir a mantener una rutina.

Cómo puede influir un perro en el bienestar emocional

La relación entre las personas y los animales de compañía despertó durante los últimos años un creciente interés dentro de la investigación científica. Diferentes trabajos intentan determinar qué ocurre en el organismo cuando una persona interactúa con un animal y cuáles son los mecanismos que podrían explicar determinados efectos sobre el bienestar.

Un estudio publicado en la revista Frontiers analizó los mecanismos cognitivos y neurológicos asociados con la interacción entre humanos y animales de compañía. La investigación encontró vínculos entre estas experiencias y cambios en regiones cerebrales relacionadas con el procesamiento de las emociones, entre ellas la corteza frontal y la amígdala.

Los investigadores también estudiaron modificaciones en sustancias y hormonas relacionadas con la respuesta emocional, como la oxitocina y el cortisol. Sin embargo, el trabajo advierte que la investigación sobre estos mecanismos todavía se encuentra en desarrollo y que existen preguntas sin resolver.

Por eso, los especialistas evitan presentar a los perros como una solución universal para problemas de salud mental. La evidencia disponible sugiere que el vínculo puede funcionar como un factor complementario de bienestar, pero sus efectos dependen de diferentes circunstancias, entre ellas la relación que cada persona establece con el animal.

La compañía también puede resultar significativa en momentos de aislamiento o soledad. Compartir parte de la vida cotidiana con un perro genera oportunidades frecuentes de interacción y puede ofrecer una presencia constante dentro del hogar.


Pasear al perro también puede beneficiar la salud física y social

Los beneficios potenciales no terminan dentro de la casa. Una de las responsabilidades más habituales de quienes tienen perros consiste en sacarlos a caminar, una actividad que incorpora movimiento a la rutina diaria.

Los paseos pueden contribuir a aumentar la actividad física y romper períodos prolongados de sedentarismo. La frecuencia y duración de esas caminatas dependen de las necesidades del animal, pero también pueden convertirse en una oportunidad para que sus dueños incorporen ejercicio de manera regular.

A esto se suma un componente social. Childs explicó que pasear con un perro puede facilitar el contacto con otras personas en espacios públicos. Los animales pueden convertirse en un punto de partida para conversaciones espontáneas, saludos o encuentros con otros dueños.

Ese efecto adquiere especial relevancia para quienes tienen pocas oportunidades de interacción social durante sus actividades habituales. Una caminata cotidiana puede combinar así movimiento físico, contacto con el entorno y posibilidades de establecer nuevos vínculos.

La experiencia, de todos modos, no resulta idéntica para todas las personas. El beneficio dependerá de factores como la personalidad del dueño, las características del perro, el entorno donde se realizan los paseos y el tiempo disponible para atender las necesidades del animal.


Qué dice la ciencia sobre los perros y la reducción del estrés

Cuando se analiza específicamente el impacto de los perros sobre el estrés, los resultados requieren mayor cautela. Una revisión sistemática publicada en Anxiety, Stress, & Coping examinó 26 estudios sobre intervenciones breves asistidas con perros, con actividades de hasta 45 minutos.

Los investigadores encontraron indicios que respaldan la posibilidad de que el contacto con perros produzca modificaciones en determinados componentes de la respuesta autonómica al estrés. Sin embargo, las diferencias entre los métodos utilizados por cada investigación dificultan establecer una conclusión definitiva.

La revisión remarcó la necesidad de utilizar criterios más uniformes para medir los indicadores psicológicos y fisiológicos. De esa manera, futuras investigaciones podrán determinar con mayor precisión cuándo, cómo y en qué personas las intervenciones con perros generan efectos sobre la respuesta al estrés.

Otra revisión disponible en PubMed Central planteó un enfoque más amplio mediante un modelo biopsicosocial, que contempla de manera conjunta las dimensiones físicas, psicológicas y sociales de la relación entre humanos y perros.

Ese trabajo examinó investigaciones relacionadas con cognición, discapacidad, trastornos del aprendizaje, salud física y bienestar emocional. Sus conclusiones plantean que los perros pueden funcionar como un apoyo complementario tanto para personas neurotípicas como para personas neurodiversas, aunque la magnitud de los beneficios cambia según el contexto y las características de cada intervención.

La evidencia científica, entonces, permite hablar de potenciales beneficios, pero no de efectos garantizados. El vínculo afectivo, la actividad física, la rutina y la interacción social aparecen como algunos de los factores que pueden explicar una parte de esos resultados.

Además, quienes no tienen un perro propio también pueden experimentar algunos de estos efectos mediante el contacto frecuente con mascotas de familiares, amigos o conocidos, o incluso a través de determinadas actividades asistidas con animales.

En definitiva, la ciencia estudia la relación entre las personas y los perros como un fenómeno complejo en el que intervienen factores emocionales, físicos, cognitivos y sociales. Más que un único mecanismo, los investigadores observan una combinación de experiencias que, para algunas personas, puede contribuir al bienestar general.

Con información de C5N

perrossalud mentalbienestar emocionalestrésbeneficios de las mascotas

NoticiasD

28 Agosto 2026