El Niño extremo amenaza a América Latina con inundaciones, sequías y más enfermedades
El fenómeno climático podría extenderse hasta 2027 y, combinado con el calentamiento global, elevaría los riesgos sanitarios en la región

Los efectos más severos de El Niño podrían comenzar a sentirse con mayor intensidad durante los próximos meses y extenderse hasta comienzos de 2027. Especialistas advierten que el fenómeno climático puede generar fuertes contrastes en América Latina, con inundaciones y lluvias extremas en algunas zonas y sequías severas en otras.
Las proyecciones meteorológicas plantean un escenario de creciente preocupación. Los modelos disponibles estiman entre 72% y 82% de probabilidades de que El Niño se desarrolle plenamente durante los próximos meses. Además, más de la mitad de las simulaciones anticipan que las anomalías de la temperatura superficial del océano Pacífico podrían superar los 3 grados durante diciembre de 2026.
Ese nivel de calentamiento resulta especialmente significativo porque se aproxima a la magnitud registrada durante el episodio extremo de 2015-2016, uno de los eventos de El Niño más intensos de las últimas décadas.
Sin embargo, los especialistas remarcan que anticipar los posibles efectos no implica conocer con precisión qué ocurrirá en cada territorio. La información científica permite identificar escenarios de riesgo y adoptar medidas preventivas antes de que los fenómenos meteorológicos extremos alcancen su máxima intensidad.
El contexto climático agrega un factor determinante. El calentamiento global puede potenciar los efectos de El Niño y favorecer condiciones meteorológicas más extremas, con consecuencias directas sobre la salud, el acceso al agua y la infraestructura.
Inundaciones y sequías: el impacto será diferente según la región
El comportamiento de El Niño suele generar un fuerte contraste geográfico en América Latina. Mientras algunas zonas reciben precipitaciones extraordinarias, otras atraviesan períodos prolongados de falta de lluvias.
Las proyecciones anticipan lluvias torrenciales e inundaciones en sectores del norte de México, Perú, Ecuador, Chile y Uruguay. En paralelo, el Corredor Seco de Centroamérica, el norte de Brasil, Colombia y Venezuela podrían enfrentar condiciones de sequía más severas.
Estos fenómenos pueden provocar consecuencias que exceden los daños materiales. Las inundaciones pueden afectar redes de agua potable, contaminar pozos y favorecer el contacto de la población con aguas contaminadas por desbordes de sistemas cloacales.
En las zonas afectadas por sequías aparece otro problema. La disminución del suministro de agua puede llevar a los hogares a almacenar mayores cantidades del recurso, una práctica que, si no cuenta con las medidas adecuadas, genera nuevos espacios donde pueden reproducirse los mosquitos transmisores del dengue.
La investigadora principal del estudio, Yasna Silva, explicó que El Niño implica una reorganización de la circulación atmosférica tropical y advirtió que el cambio climático puede intensificar sus consecuencias.
“Debido al cambio climático que está ocurriendo en paralelo, es probable que se vea exacerbado y más extremo”, señaló.
La región ya enfrenta antecedentes preocupantes. Durante el ciclo 2023-2024, América Latina atravesó la peor temporada de dengue registrada hasta ese momento, con un incremento de 600% en los casos de los países andinos y del Cono Sur.
Además, solamente durante 2023, el continente registró unas 8.436 muertes en exceso asociadas con olas de calor extremo.
📊 De acuerdo con las últimas proyecciones, durante el trimestre julio-agosto-septiembre de 2026 existe una probabilidad cercana al 100 % de que continúe la fase de El Niño. Sin embargo, el fenómeno aún está en desarrollo 🧵▶️ pic.twitter.com/bX4jdoPJ25
&mdash SMN Argentina (@SMN_Argentina) July 22, 2026
El dengue y el acceso al agua, entre los principales riesgos sanitarios
El escenario climático también genera preocupación por la posible expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos. El dengue ocupa un lugar central debido a la relación entre las temperaturas, las precipitaciones, el almacenamiento de agua y la reproducción del mosquito vector.
Silva explicó que las temperaturas elevadas pueden acelerar el desarrollo de las larvas y reducir el período necesario para que el virus complete su desarrollo dentro del mosquito. De esta manera, la transmisión puede comenzar antes de lo habitual.
La sequía también puede incrementar el riesgo. Cuando disminuye el abastecimiento de agua, las familias suelen almacenar agua en recipientes, que pueden transformarse en criaderos si permanecen descubiertos o sin un manejo adecuado.
La especialista, sin embargo, evitó anticipar un aumento inevitable del dengue. Según explicó, el impacto dependerá en buena medida del nivel de preparación de los sistemas sanitarios y de las medidas que adopten las comunidades antes del período de mayor transmisión.
Entre las estrategias necesarias aparecen la vigilancia epidemiológica y ambiental, el monitoreo de los mosquitos, la eliminación de criaderos y el fortalecimiento de la atención médica. También resulta clave mejorar la gestión de residuos, controlar recipientes en viviendas, cementerios y neumáticos abandonados, y sostener el trabajo con las comunidades.
El acceso al agua segura representa otro desafío. En las zonas con inundaciones, el principal problema puede ser la calidad, debido a la contaminación de pozos y redes de distribución. En las regiones afectadas por sequías, la amenaza se concentra en la cantidad, porque la escasez puede perjudicar la higiene y obligar a utilizar fuentes de agua inseguras.
Por ese motivo, los especialistas consideran fundamental que los gobiernos activen planes de vigilancia y prevención antes de los momentos de mayor riesgo. La comunicación clara y oportuna con las poblaciones más expuestas también resulta esencial para reducir las consecuencias.
La llegada de un El Niño potencialmente intenso no permite determinar de antemano la magnitud exacta de cada impacto, pero sí ofrece una oportunidad para anticiparse. Fortalecer la vigilancia, garantizar el abastecimiento de agua segura y preparar los sistemas de salud puede marcar una diferencia decisiva frente a un escenario climático cada vez más extremo.
Con información de C5N
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19 Agosto 2026